Por: Manuel Garfias

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Lázaro Lacho Martínez es un artista cubano de formación académica, pero con una carrera que rompe con cualquier pauta establecida por el rigor canónico. Él está comprometido con el desarrollo de una metodología de trabajo que le permita extender su quehacer artístico a más personas. Así es como Lacho se unió a Reinier Usatorres, Ivette Cedillo y Yosvel Hernández para conformar y desenvolverse dentro de una filosofía del arte que decidieron nombrar La Transferencia.

Este principio se basa en lo que ellos llaman la no-mente, el desapego de un “yo” que sea capaz de conectarse con “el otro”. En pocas palabras, se trata de una disciplina que hace a un lado la individualidad del artista para crear obras conjuntas y multidisciplinarias. Ese espíritu de colectividad se hace evidente desde el momento de llegar a su estudio, cuando nos recibieron con sonrisas y abrazos que transmiten esa búsqueda de conexión con el otro.

La Transferencia y su arte de compartir el arte

Cada Transferencista crea sus obras a partir de su interior, de un “diccionario icónico” que cada integrante posee, pero siempre con la influencia de los otros integrantes del grupo. La Transferencia no es sino un acto de sinceridad creativa; es compartir el arte individual con una colectividad.

Desde siempre, Lacho se interesó por entender qué era el arte en realidad, por lo que emprendió una búsqueda de definiciones y conceptos. Esta exploración lo llevo a preguntarse “quién soy” y esto, aunado a la pregunta inicial, “crean la respuesta ideal, lo que soy, a lo que me doy, es arte; esa consecuencia consiente de lo que soy”, explica el artista.

La Transferencia y su arte de compartir el arte

Al hablarnos sobre su carrera, Lacho confiesa que los Estados Unidos fueron el espacio ideal para encontrarse. Estar tan solo y rodeado de tantas posibilidades y tanta abundancia hicieron que el artista llevara una vida de excesos, incluso sufrió una fuerte crisis emocional que le provocó ver cosas que nunca antes había visto. Así empezó a transformar todo su trabajo: “me di cuenta que no había nada que hacer, sino ser”.

De esta manera fue como inició con la creación del manifiesto que más tarde se conocería como La Transferencia. El cubano buscó una serie de pasos que llevaran al colaborador a un espacio de no-mente: “liberarse del conocimiento y de la domesticación”. Lacho dejó atrás la idea del arte como interpretación del mundo que lo rodeaba para abrir paso a la creación individual. No obstante, esta individualidad sólo la encontró en grupo, descubriendo que la enseñanza a otros es aprendizaje para uno mismo.

La Transferencia y su arte de compartir el arte

Con influencias que van desde la escultura hasta la física cuántica, pasando por la filosofía y la literatura, Lacho reconoce, además, que cada individuo a su alrededor tiene algo para influirlo. Las obras de los Transferencistas son un inventario de lo que son, sin embargo, no hay un encasillamiento, es por eso que cada una de ellas está nombrada alfanuméricamente, abiertas a un sinfín de interpretaciones, pero, sobre todo, dispuestas a trans- ferir su esencia a cada persona.

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La Transferencia es un acto de sinceridad creativa, es compartir el arte individual con una colectividad. Déjate sorprender por este talentoso grupo de artístas. #Arte #LaTransferencia